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Archive for 9 mayo 2009

Elvira Lindo Garrido nació en Cádiz en 1963 y, 12 años más tarde, se trasladó a Madrid con su familia. Inició estudios de Periodismo, intentando compaginarlos con su trabajo de locutora en Radio Nacional de España, pero los acabó abandonando. Esto fue sólo el principio: a partir de ahí, ha sido locutora en otros medios, guionista para radio, televisión y cine, actriz y, sobre todo, escritora. Desde locoporcosasdecrios hemos hablado con ella sobre el personaje que le dio la fama: Manolito Gafotas

Concertar una cita con Elvira Lindo es toda una odisea. Por eso, estar esperándola, más de un mes después de contactar con ella por primera vez, en la puerta de una conocida heladería del centro de Madrid, impresiona. Si además su nombre lleva presente en tu estantería casi desde que tienes uso de razón, puedes estar de los nervios. Pero en cuanto ella te llama por tu nombre para sacarte de tu repaso de última hora de las preguntas de la entrevista, se acaban los nervios y todo pasa a ser una conversación fluida en la que incluso ella misma te hace preguntas. Y es que hemos podido comprobar que esta gaditana de nacimiento y madrileña de adopción, que vive entre Madrid y Nueva York, que cuenta con innumerables seguidores de muy distintas edades, es una persona cercana con muchas cosas que contar. En esta ocasión, dado el tema de nuestro blog, nos reunimos para charlar con ella acerca de algo muy específico: los libros de Manolito Gafotas, en los que se cuentan las historias de “el último mono” de Carabanchel (Alto), su madre con las collejas de efecto retardado, su padre con el camión Manolito, el Imbécil y su chupete, el Orejones López (a la vez mejor amigo y cerdo traidor), el Yihad, la Susana Bragas-Sucias, Paquito Medina (que no tiene ombligo), el abuelo Nicolás y otros tantos personajes inolvidables. Sus aventuras han sido leídas y releídas por niños y adultos de multitud de países durante más de una década, y para muchos componen la mejor saga de libros “del mundo mundial”.

Elvira y Manolito / Pilar Toro
Elvira y Manolito / Pilar Toro

Pregunta. Si vamos a hablar de Manolito, la primera pregunta es obligada: Manolito tiene un secreto, el último libro publicado de la saga, es el que cuenta con un final más abierto y, sin embargo, no ha tenido continuación hasta la fecha, ¿por qué no hemos tenido más historias de Manolito?

Respuesta. Ha sido por pereza, no tiene una explicación. Soy consciente de que ese libro necesitaba otro libro, que supuestamente sería el último, pero no lo he hecho… Lo haré en algún momento, pero para hacerlo tendré que releer un poco porque hay cosas de las que no me acuerdo.

P. Y cuidado, porque los fans somos muy quisquillosos, y enseguida te diríamos si hay algún fallo [Risas]. Después de triunfar escribiendo dos sagas diferentes de libros infantiles (los cuentos de Olivia y los libros de Manolito) decidiste alejarte de este tipo de literatura, ¿qué ocurrió?

Bueno, el motivo es que, incluso cuando yo escribía aquellos libros, no tenía la sensación de pertenecer al “gremio” de la literatura infantil, sino que escribía con una vocación literaria general, no estaba pensando en una franja de edad o en las indicaciones que iban a poner las editoriales. De hecho, Manolito nació en la radio y no era específicamente para niños, pero luego escribes una historia cuyo protagonista es un niño de diez años, y son historias muy inocentes, no es la vida tortuosa de un niño, y por esto se publicó en una colección infantil. Además, creo que incluso existió una idea por parte de Alfaguara de reunir todos los libros y hacer un solo volumen que se vendiera sin ilustraciones, para adultos. Yo creo que Manolito era para todos los públicos. Luego están los cuentos de Olivia, que, por supuesto, eran para niños, eran como la antítesis de Manolito, ya que éste no tiene una intención pedagógica, yo nunca pretendí que la tuviese. En el caso de Olivia, en cambio, había una voluntad de pequeñas enseñanzas. Con las dos cosas me sentía bien

P. ¿Puede que sea precisamente ése el secreto que Manolito triunfase y marcase tanto a una generación, que no era un libro pedagógico?

R. Yo creo que el humor era fundamental, los niños, incluso algunos a los que no les gustaba leer, cogían en libro e inmediatamente se encontraban con un compañero que les hacía reír hasta con sus pequeñas desgracias. Había un vínculo de compañerismo con el lector, y ése vinculo lo facilita mucho el humor. Con los adultos ocurre lo mismo. Muchas veces parece que el humor se considera un género menor, sin embargo yo creo que genera un lazo muy estrecho con los lectores.

P. ¿Cuál es, entonces, tu relación con la literatura infantil?

R. No he sido una experta pero he sido consumidora porque he leído muchos libros a mi hijo, he comprado muchos libros a otros niños… Cuando yo leía libro a mi hijo, si a mí me hacían gracia, me parecía una experiencia muy bonita, es algo que une muchísimo. Tengo mucho respeto hacia ese tipo de literatura porque creo que es muy importante. Además, cuando he ido a colegios e institutos a hablar de esto, siempre me ha gustado hablar a los niños con seriedad, establecía relaciones con ellos muy distintas a las que establecían otros adultos porque como a mí, al ser la pequeña de mi familia, no me tomaban en serio, me gusta hablarles de verdad, no como si no me pudieran entender.

P. Hablabas antes de la radio. Muchos de los que pertenecemos a la “generación Manolito” le conocimos en este medio, y es lo que recordamos con más cariño, ¿cómo fue para ti, como autora, ser en directo uno de tus personajes?

R. Verás, yo empecé a hacer esto en 1985 más o menos. Escribí los primeros monólogos para la radio y puse yo la voz porque salió bien la primera vez y mi tono se adecuaba al personaje, pero podría haberla puesto otra persona. Luego lo hice intermitentemente hasta que me llamó la SER. Vosotros lo conocéis ahí, pero yo ya lo había hecho antes, por lo que para mí era absolutamente natural.

P. Hablando ahora de cine, el libro de Manolito que más se centraba en una sola historia, Manolito on the road, fue llevado a la gran pantalla de manera bastante notable, dirigida por Miguel Albaladejo y, además, contigo como guionista, ¿cómo fue para ti la experiencia de crear tu misma historia pero para otro medio?

R. Fue una experiencia muy buena. Todos hubiésemos querido hacerlo mejor, claro está, los medios económicos eran escasos, pero, aún así, creo que la película gustó mucho, la vio una gran cantidad de gente y se ha visto mucho en el extranjero. Además, Manolito on the road es una historia escrita antes para la película que para el libro.

Trailer de la primera película de Manolito Gafotas / Duración: 2:45

P. Luego está “la otra” película: en la segunda adaptación, Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe!, no participaste tú, ni el director, ni los actores… En consecuencia, no se acercó siquiera al nivel de la primera…

R. Esa película tiene una historia un poco desgraciada: cuando yo publiqué el primer libro, alguien que quería ser productor de cine me llamó para hacer una adaptación al cine, y yo me sentí muy halagada. Debido a esto y a la escasa experiencia que tenía, firmé un contrato muy desfavorable sobre los derechos de imagen del personaje. A partir de ahí, todo fue una pesadilla, me quedé sin los derechos de imagen del personaje durante muchos años. Entonces se hizo la primera película, que ya fue difícil de producir, y, al tener éxito el productor dijo que había que hacer otra inmediatamente, pero yo ya me di cuenta de cómo querían llevar el asunto y me negué. En consecuencia, me apartaron del proyecto. Fue una película que tuvo muchísima más publicidad que la primera y, sin embargo, fue un fracaso. La serie tampoco la hubiera hecho pero, como digo, ya no dependía de mí.

P. Precisamente sobre eso quería preguntarte: en 2004 nace una serie de televisión dirigida por Antonio Mercero y guionizada por Eduardo Ladrón de Guevara y la nueva ministra, Ángeles González-Sinde. Siendo la de Manolito una saga estructurada en capítulos que contaban historias concretas, no parecía una mala idea hacer una serie en la que cada capítulo contase una de sus aventuras, ¿cuál fue el fallo?

R. Que no se hizo bien, ése fue el problema. Desde entonces, me han escrito varias veces los turcos porque quieren hacer una serie de televisión, pero yo ya estoy harta de esto.

P. Leyendo Manolito, uno enseguida podía identificarse con algún personaje, o reconocíamos a compañeros de colegio o a gente de nuestro barrio en ellos… ¿cómo hizo para realizar un cuadro tan fiel de la sociedad de la época?

R. No teniendo pretensiones. Manolito era una mezcla entre el mundo de los niños que yo conocía en el momento y de mis recuerdos de la infancia, aunque hay muchas diferencias, porque mi familia no era de clase trabajadora. Sin embargo, el entorno en el que yo me moví sí que tenía similitudes con el mundo del que hablo en los libros. Además, las características psicológicas del personaje son muy parecidas a las mías. Cuando yo me ponía a escribir, intentaba sobre todo que fuese auténtico lo que él pensaba: aunque fuese un niño, tenía un pensamiento no muy alejado de mí, era fundamentalmente yo.

 

Elvira Lindo, posando tras la entrevista / Pilar Toro

Elvira Lindo, posando tras la entrevista / Pilar Toro

P. Ahora la sociedad ha cambiado, ¿Manolito seguiría siendo igual?

R. Si lo hubiera empezado a escribir ahora, no lo sé, pero si escribiera otro libro del personaje será como es, tengo que ser fiel a eso. Es cierto que hay cambios, sobre todo hay muchas cosas tecnológicas distinta. Quizás si escribo un libro tenga que incluir cosas así, pero sin explicar por qué no han existido antes, ya que una de las características de los libros de Manolito es que no existe el tiempo, él vive en un mundo que no evoluciona: podrían aparecer, por ejemplo, móviles, pero no se justificaría por qué nunca antes habían aparecido.

P. Los libros de Manolito han traspasado ampliamente nuestras fronteras, llegando a numerosos países. Además, aunque parezcan libros para niños pueden hacer reír a carcajadas a los adultos. Y si eso fuera poco, permiten ser leídos una y otra vez sin perder su frescura, ¿cómo se consigue crear un lenguaje tan universal?

Es que yo creo que hay cosas que son universales, sobre todo las que son más humanas. Por ejemplo, me hacía gracia que se hablase del localismo de los libros de Manolito, porque, efectivamente, es local, pero es que casi todos los personajes, a no ser que sean marcianos, son locales. La historia de un niño en un barrio es la historia de la humanidad. De hecho, cuando se tradujo el libro por primera vez a un idioma fue al francés, y uno podía pensar que los niños franceses serían muy diferentes, pero no, eran iguales. Lo mismo pasa en Estados Unidos, que es el último país al que ha llegado el libro y que es donde más problemas ha habido por problemas de corrección política. Yo no encuentro nada en Manolito que no se pueda traducir, no ya a otro idioma, sino a otra cultura.

P. La trascendencia de Manolito ha sido muy grande, sobre todo porque ha calado muy hondo, sobre todo en una generación concreta, para la que expresiones como “en el mundo mundial” forman parte de nuestra vida y de nuestros recuerdos. ¿Ha provocado esto que tú te sientas una autora marcada por un personaje?

R. Cuando empecé a publicar otros libros, me agotaba que las cinco primeras preguntas fueran siempre sobre Manolito, sin embargo ahora ha pasado el tiempo y sólo siento cariño hacia el personaje. Ha contribuido mucho a que no me cansara esa generación que se ha hecho mayor y tiene el personaje como una especie de icono de su pasado infantil, y a mí eso me ha reconciliado mucho con él, me hace mucha ilusión.

P. Había cosas en los libros de Manolito que eran literalmente parte de ti, por ejemplo, El Imbécil y tú compartís la fecha de vuestro cumpleaños, el 23 de enero. ¿Hay muchos detalles personales desconocidos para el público dentro de estos libros?

R. Muchísimos: motes, nombres de personajes que había oído… El caso del 23 de enero tiene gracia, porque la posición que ocupa El Imbécil en esa casa es la que ocupaba yo en la mía. Yo no soy exactamente sólo Manolito, sino que estoy también en El Imbécil, en cómo me comportaba con mis hermanos; muchas veces en la madre, esa madre tan contradictoria que es una mezcla de amor y manía que tiene a sus hijos… Todo son mezclas de mi propia personalidad. Creo que por eso los personajes suenan auténticos, porque estoy yo en todas las etapas de mi vida.

P. Cambiando un poco de tema, haces uso de la red social facebook (donde participa activamente en su página de “fans de Elvira Lindo” [sólo disposible para usuarios de facebook]), con la colaboración de tu amigo Xavi, ¿lo considera una herramienta útil para estar en contacto con tus lectores?

R. Lo de Facebook me está haciendo mucha gracia. Xavi hace la página a dos personas en el mundo, una es Shakira y la otra soy yo [risas]. Me la hizo y me lo comentó, y yo empecé a ver cómo era el funcionamiento. Las páginas oficiales de facebook están, en general, muy abandonadas, pero nosotros hemos hecho un equipo estupendo: él está en Nueva York pero yo tengo mucho material y lo que hago es ir enviándolo. Además, cuando son, por ejemplo, artículos sólo, él los ilustra muy bien, con fotos originales, etc. Lo que más gracia me hace es que al final se ha convertido en algo que no es una típica página de facebook, mucha gente interviene todos los días, se empiezan a conocer a través de la página… ¡y se están haciendo amigos! Me está pareciendo una experiencia muy bonita, ya que, por el espíritu con el que lo hacemos, hemos conseguido crear una especie de familiaridad.

P. Y ya por último, ¿en qué estás trabajando ahora?

R. Estoy escribiendo una novela hecha de relatos sobre una época de los años 80, pero llevo dos o tres meses interrumpida porque me encargan muchas cosas de periodismo que me resultan interesantes. Hay gente que piensa que la literatura y el periodismo son incompatibles, pero como a mí me han dejado escribir siempre un poco como he querido, pues si tengo la oportunidad de hacer algo interesante, me cuesta decir que no.

Pues eso es todo, muchísimas gracias por hacernos un hueco.

> Web oficial de Elvira Lindo

> Web oficial de Manolito

> Manolito en la Cadena SER

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La compañía Circo Aereo trae a Getafe la magia del teatro sin palabras para los más pequeños.

Fuente: madrid.org

Fuente: madrid.org

Dice el director del Auditorio García Lorca de Getafe que en esta ciudad el arte del teatro es “del pueblo”, pero parece que hoy hay algo extraño en ese pueblo, algo peculiar ha debido de pasar, ya que miramos alrededor y abundan los carritos de bebé, los gritos y las carreras en el hall. Hoy la mayoría de espectadores no superan un metro de altura.

Y es que parece ser que la obra de hoy es algo particular, vamos a ver Trippo, de la compañía franco-finlandesa Circo Aereo [En inglés]. Accedemos a la platea y comprobamos que el público se compone sobre todo de niños, de todas las edades, pero también hay adultos que vienen solos, seguramente a alimentar su espíritu infantil.

De pronto se apaga la luz, y, aunque son pequeños, los niños conocen la señal: es hora de estar callados. Lo único que se oye es el sonido de unos grillos, hasta que aparecen los dos actores de la obra, quienes por sí solos ponen en pie, en un pequeño escenario con un decorado sencillo que no cambia a lo largo de la obra, todo un espectáculo circense, para disfrute de niños y mayores.

Puede parecer complicado que una compañía de teatro cuyos integrantes no hablan español sea capaz de hacer una obra que interese a los niños, el público más exigente de todos. Pero no son necesarias las palabras, ya que el Circo Aereo se comunica con sus pequeños espectadores a través de la música, el movimiento y la gestualidad, y éstos, aunque puedan en principio generar algo de confusión (suscitando comentarios como “Mamá, ¿cuándo hablan?”), son lenguajes universales.

Un fragmento del principio de la representación / Duración: 6:02

Es curioso observar cómo grandes y pequeños se ríen en momentos diferentes, responden a distintos tipos de humor. ¿Cuál es el de los niños? Observándolos, podemos comprobar que se quedan embelesados con los gags que entienden y pueden seguir, como las bromas físicas o la aparición de personajes como un pájaro interpretado por la propia mano de uno de los actores. Pero parece que también les gusta lo inesperado, lo que no están acostumbrados a ver en la tele, ya que, de pronto, uno de los actores comienza a pasar por encima de las butacas, entre el público, y se gana muchas risas y genera un enorme alboroto entre el público infantil.

Sin embargo, llega una parte musical, que quizás se pasa de larga, y parece que esto no es lo que más gusta a los pequeños, pero hace reír mucho a los mayores. Pero en Circo Aereo no bajan la guardia, y en seguida vuelven a la carga. La chica empieza a hacer algo que no sabemos muy bien qué es, se produce un silencio, todos estamos expectantes y, en ese momento, se produce una de ésas situaciones que sólo son posibles cuando estás viendo un teatro infantil. Desde una punta de la sala se alza una voz:

–          “¡Es un reloj!”

Pero no, parece que no lo es, y ese error no puede quedar sin corrección, por lo que desde el otro lado se oye una voz femenina:

–          “¡No, le está hipnotizando!”

Y sí, la niña estaba en lo cierto: por los efectos de la hipnosis, el chico se queda dormido, y se cae una y otra vez. La broma cosecha grandes carcajadas.

Un momento de la representación / Fuente: elpais.com

Un momento de otra representación de la obra / Fuente: elpais.com

Y es que ir a ver una obra de niños es mágico. Un buen ejemplo de ello es el momento en que a la protagonista la meten en una maleta, y la separan en dos partes, la cabeza queda por un lado y los pies, por otro. Es un truco muy clásico, pero aquí el auditorio se sorprende mucho y comenta preocupado: “¡la han cortado!”. Y, claro, tú también te contagias, el escepticismo adulto queda a un lado para dar paso a la inocencia, y a volver a creer que todo es posible. Al final, por supuesto, la maleta vuelve a unirse y ya estamos preparados para lo siguiente: acrobacias o una curiosa merienda en la que los actores toman el té sentados uno encima del otro. De esto último, lo más llamativo era que “¡es agua de verdad!”, aunque otros opinaban que no se trataba de agua, y los más cautos preguntaban a la autoridad competente en la materia: “mamá, ¿qué ha echado?”

Así, entre sorpresas y risas, se acaba la magia y salimos a la calle tristes de tener que volver tan pronto al mundo real, donde las personas no se meten en maletas y se empeñan en tomar el té sentados en sillas.

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